Convento de la orden de San AgustÃn - CÃrculo de la Amistad
Instituciones tÃpicas de la burguesÃa decimonónica serÃan los casinos, lugares de reunión para el trato mercantil y la tertulia. Varios de estos centros existieron en nuestra ciudad, pero sólo uno ha sobrevivido. La razón de ello es que el Circulo de la Amistad supo siempre enriquecer sus funciones desempeñando una labor de promoción cultural, quizá la más sobresaliente en nuestra ciudad, hasta los tiempos en que la llegada de la democracia permitió que las administraciones y las entidades de ahorro se convirtieran en los nuevos mecenas de la cultura.
Se asienta el CÃrculo sobre terrenos de lo que fue un hospital en el siglo XV y posterior convento de monjas recoletas de la orden de San AgustÃn del siglo siguiente. De dicho convento, bajo la advocación de la Virgen de las Nieves, ha quedado el actual patio principal, antiguo claustro, obra de fines de siglo XVI, aunque bastante retocado. En 1836 se suprimió la fundación religiosa y el inmueble fue utilizado como casa de vecinos. En 1850, el juez José Miguel Henares fundarÃa allà el Casino Cordobés que poco más tarde, en 1853, tomarÃa el nombre de CÃrculo de la Amistad.
La que fuera iglesia del convento sirvió para que jóvenes aficionados al teatro y la literatura la alquilaran y se reunieran allà creando el Liceo ArtÃstico y Literario. Esta institución no logró consolidarse y terminó fusionándose con el CÃrculo, que en 1856 adquirió todo el inmueble y el definitivo nombre de CÃrculo de la Amistad y Liceo ArtÃstico y Literario.
Desde entonces las actividades artÃsticas y culturales que se han organizado son incontables, y gran parte de su actual patrimonio refleja la importancia que la institución ha concedido a las artes y a la creación literaria. En 1864 se creó la biblioteca, que, gracias a las aportaciones de socios y al nivel de adquisiciones, resulta imprescindible para el conocimiento de la literatura cordobesa del siglo XIX. Fue decorada a principios del siglo XX con un friso de relieves, obra de Mateo Inurria.
También son importantes las pinturas de Julio Romero de Torres






