Monasterio de los Jerónimos
En la ladera sur de la sierra de Córdoba, frente al conjunto de Medina Azahara, se encuentra el Monasterio de San Jerónimo.La estructura del edificio se funde con la vegetación en una espléndida simbiosis de piedra y vida. Sin embargo, lo que hoy podemos ver es el resultado de la abnegada labor de los Condes Du Chastel y Marqueses del Mérito, actuales propietarios del Monasterio. Las vicisitudes históricas por las que fue pasando este monasterio, derivaron en el estado ruinoso en el que se encontraba a principios del siglo XX. La información que poseemos de dicha fecha únicamente nos habla de 'ruinas a media montaña' de 'informe montón de escombros' y en definitiva de 'abandono y destrucción'.
En aquel entonces era tan sólo el recuerdo degradado de pasadas glorias que hoy vuelven a recuperarse con una restauración prudente.
Su origen data de principios del siglo XV cuando un fraile jerónimo, Fray Vasco de Sousa, recibe una donación de tierras desde el rÃo Guadiato al Guadalquivir para fundar un monasterio que por la belleza de su entorno recibe el nombre de 'ValparaÃso' y que vino a ser considerado como el mejor monasterio de AndalucÃa.
Desde esa fecha hasta principios del siglo XIX se inscriben unos cuatrocientos años de vida monacal durante los cuales se irá configurando la fisonomÃa arquitectónica del edificio, se irá llenando de tesoros artÃsticos y de trofeos históricos y se ennoblecerá con la presencia en él de reyes y nobles. Fue residencia de Isabel la Católica durante parte de la guerra de Granada, de Felipe II, de Cosme de Médicis y de otros personajes históricos y se acumuló un importante legado de cuadros y esculturas.
Pero experimentó un proceso de decadencia hasta llegar a principios del siglo XIX en que apenas quedaban frailes. Por ello fue vÃctima de la polÃtica desamortizadora de aquella época y cayó en manos de quienes tan sólo se dedicaron a explotar las tierras y a desposeerlo de los tesoros artÃsticos que la historia habÃa ido acumulando. La degradación duró todo el siglo XIX hasta llegar al estado lamentable que presentaba a comienzos del XX.
El hecho de tratarse actualmente de una vivienda privada condiciona su visita, que quedará limitada a unas cuantas zonas clave, evitando la entrada en espacios Ãntimos de la familia de Chastel Mérito.
Dentro del devenir histórico que ha configurado este conjunto arquitectónico, es el gótico avanzado el estilo predominante. La iglesia y el claustro se configuran con arcos apuntalados, bóvedas de nervios y portadas entre machones y pináculos del más puro gótico provincial.
El recorrido que implica una visita discreta al conjunto afecta sólo a la planta baja y comienza en el patio de entrada ante la fachada de la iglesia.
Inscrita entre dos machones helicoidales coronados con pináculos góticos, la puerta está rematada con un arco apuntado, trasdosado con otro conopial flanqueado con cardinas. Dentro de este arco, un tÃmpano con otra triple arquerÃa del mismo estilo, ofrece actualmente una superficie lisa por haberle sido arrebatadas las esculturas que fueron regaladas al polÃtico don Antonio Cánovas del Castillo.
El interior de la iglesia evidencia el estado de degradación en que derivó el conjunto. Actualmente queda cubierta la zona del coro desde donde situamos el punto de observación. La cúpula, montada sobre pechinas de ladrillo, data del siglo XVIII. Permanece en pie, mientras el sector entre esta cúpula y el coro es un espacio 'a cielo abierto', por la caÃda de la techumbre. El criterio seguido de no restaurar más allá de lo imprescindible configura esta iglesia como una 'ruina consolidada'. El paramento del fondo ofrece la ausencia de su retablo original, obra de Alejo Fernández y que probablemente corresponda al que actualmente hay tras el altar mayor de la iglesia de S. Nicolás de la Villa.
El tránsito por la galerÃa baja del claustro posiblemente constituya el momento más evocador de la vida conventual. La bóveda de nervios cruzados y los recios fustes de las columnas que soportan arcos ojivales introducen al visitante en la sobriedad de la vida conventual. La bóveda de nervios cruzados y los recios fustes de las columnas que soportan arcos ojivales introducen al visitante en la sobriedad de la vida monástica de la Baja Edad Media. Una de las puertas que se abren a este claustro da acceso a la llamada sala 'De Profundis', actualmente espacio privado.
Por otra de las puertas del claustro se accede a la Sala Capitular. Dilatado espacio en el que se ha conseguido restituir el ambiente original y en el que el sentido intimista de lo claustral se contrapone con la visión a través de los ventanales, del piedemonte de la Sierra y el Valle del Guadalquivir.
Termina el recorrido en el llamado 'Patio de los novicios'. Porticado con arquerÃa de medio punto y fustes lisos, tiene una pila de mármol blanco procedente de Medina Azahara. A ella vierte el agua una reproducción de la escultura de la cierva de la misma procedencia, cuyo original conserva el Museo Arqueológico Provincial.






